Instinto

17Aug10

budo.jpg

No recuerdo ya, la cantidad de veces que intenté poner en un plano de coherencia, la incoherencia (aparente) de buscar la paz en el arte de la guerra.

El concepto de alguien buscando la tranquilidad interior, empuñando un sable, a primera vista, me resultó, como mínimo ridículo. Fue relativamente simple sortear este primer prejuicio, a vistas de mi instantánea fascinación por el Iaido. Todos los prejuicios, quedaron rápidamente sometidos por algunas frases hechas por otros, que a priori se me antojaban muy místicas, pero que a fines de dejar mi conciencia un poco mas tranquila asumí como correctas.

“Con cada corte cortamos nuestro ego”
“Buscamos eliminar todo movimiento superfluo, para poder extrapolar esto a nuestra vida cotidiana”
“Mediante la practica logramos aumentar la concentración y la capacidad de respuesta a cualquier situación” etc..

Como decía anteriormente, en su momento, tomé cada una de estas premisas, y logré tranquilizarme, para poder abocarme al estudio de un arte que, a todas luces, nos enseña la forma más efectiva (y elegante, por que no decirlo) de sentenciar a un oponente, en un solo movimiento.

También existe el concepto de “saya no uchi” la gran victoria del Bushi. La victoria sin desenvainar, es algo muy poético, a la par de interesante, que decidí incorporar a la lista de argumentos.

Luego de un tiempo, como siempre, dejamos de prestarnos atención y nos relajamos por omisión, y dentro de esta complacencia transcurrieron un par de años, sin que me volviera a plantear el asunto.

Hasta que un día, entrenando, buscando la fluidez del movimiento, de alguna forma extraña pero muy concreta, sentí algo que no había sentido anteriormente. Mientras entrenaba la segunda serie de la escuela, Hasegawa Eishin-ryu, sentí que estos movimientos ya no tenían el tono didáctico de Omori-ryu, sino un punto de aplicación un poco más real.

No fue una sensación particularmente agradable, y puede que el comentario que hiciera Stephanne unas semanas antes, en el curso de Les Illes, hubiera estado ahí, agazapado, latente, esperando el momento ideal para saltar directamente sobre mi conciencia, y fue justo en ese momento en el que inevitablemente una cosa se relacionó con la otra. “El Iaido es un arte de asesinos!!” Sentenció… y razón no le faltaba.

Recurrí rápidamente al bagaje de experiencias positivas, y a la batería de frases tranquilizantes para zanjar el asunto, y logré encontrarme nuevamente con la paz, por un tiempo. Hasta el domingo pasado.

Okuden me trajo directamente y sin escalas la conocida sensación de ambigüedad y ese sabor agrio.

Y en ese punto, retomé un pensamiento que había tenido en su momento, algo que en realidad surgió en una conversación con Mariana, y que puede que sea (para mi) una de las claves de todo este asunto.

Como bestias civilizadas que somos, en nuestra programación básica, tenemos un porcentaje importante de asesino, y analizando la historia, vemos que esto es una verdad a gritos. Desde los inicios, como cazadores en un entorno salvaje y hostil, donde ese instinto es fundamental para la supervivencia, y posteriormente en el desarrollo de nuestra sociedad, el elemento de violencia es una constante omnipresente. En cada uno de los puntos en la linea de tiempo de la humanidad, la violencia es un común denominador, y posiblemente su negación, sea un factor determinante en una gran cantidad de paranoias, de rayes mentales y emocionales, es un rechazo, a una parte nuestra, a algo que aunque no nos guste sacar a pasear, esta allí, en cada uno de nosotros y nos define.

Somos, aunque no nos guste reconocerlo, potencialmente peligrosos, potencialmente “asesinos”, y cada uno encuentra la forma trabajar con esto (o no…), negando, ocultando, asumiendo, disfrutando, dejándolo completamente libre…
Supongo que habrá cantidad de configuraciones, y con ellas, cantidad de resultados, algunos más peligrosos que otros, pero al fin y al cabo, muchos de nosotros, nos pasamos una gran parte de nuestra vida, intentando controlar a esta bestia primaria, nuestro lado oscuro.

Tal vez entonces, pueda agregar esta, a la lista de razones por las cuales es positivo estudiar Iaido, una que no sale de un compendio de frases hechas, sino que sale de la propia experiencia. Puede que aceptarlo sea una forma de integrarlo, de no rechazarlo, y por lo tanto, conseguir esa aceptación personal, de todas las partes que somos, de todo lo que tenemos guardado, y así, llegar a experimentar (aunque sea un poco) esa paz.

Y ahí, me encuentro nuevamente, sentado, en tatehiza, aceptando, observando, de alguna manera jugando con el asesino, en un entorno controlado, en un entorno en el que mi Ying y Yang coexisten en armonía.

No creo que sea la única razón por la que estudio y practico Iaido, pero hoy tengo la sensación de que, definitivamente es una parte muy importante, y que le da mucho sentido a algo que aparentemente no lo tiene.

ronin.pngCuando un hombre empieza a aprender, nunca sabe lo que va a encontrar. Su propósito es indeterminado; su intención no es dirigida. Espera recompensas que nunca llegarán, pues no sabe nada de las dificultades de aprendizaje.

Empieza a aprender así, poquito a poquito al comienzo, luego más y más… Lo que se aprende no es nunca lo que imaginaría. Y así se comienza a tener miedo. El aprendizaje no es nunca lo que uno se espera. Su propósito está… en el otro lado de un campo de batalla. Y así ha tropezado con el primero de sus enemigos: ¡el miedo!… Y si el hombre, aterrado en su presencia, echa a correr, su enemigo habrá puesto fin a su búsqueda…

Si uno aun está lleno de miedo, pero no se detiene, llega un momento en que su primer enemigo se retira. El hombre empieza a sentirse seguro de si… Una vez que un hombre ha conquistado el miedo, está libre de él por el resto de su vida, porque a cambio del miedo ha adquirido la claridad: una claridad de mente que borra el miedo.

Para entonces, un hombre conoce sus deseos; sabe cómo satisfacer esos deseos. Puede prever los nuevos pasos del aprendizaje, y una claridad nítida de mente lo refleja todo. El hombre siente que nada está oculto. Y así ha encontrado a su segundo enemigo: ¡la claridad!

Esa claridad de mente, tan difícil de obtener, dispersa el miedo, pero también ciega. Fuerza al hombre a no dudar nunca de sí. Si el hombre se rinde a esa ilusión de poder, ha sucumbido a su segundo enemigo y será torpe para aprender… Él puede volverse un guerrero impetuoso, o un payaso… pero ya no aprenderá ni ansiará nada.

Si él vence este enemigo, sabrá entonces que el poder, tanto tiempo perseguido, es suyo por fin. Su deseo es la regla. Él ve claro todo alrededor. Pero también ha tropezado con su tercer enemigo: ¡el poder! Un hombre en esta etapa apenas advierte que su tercer enemigo se cierne sobre él. Y de pronto, sin saber, habrá sin duda perdido la batalla. Su enemigo lo habrá transformado en un hombre cruel, caprichoso.

Un hombre vencido por el poder muere sin saber realmente cómo manejarlo. El poder es sólo una carga sobre su destino.

Tiene que vencerlo seguramente. Tiene que llegar a darse cuenta de que el poder que aparentemente ha conquistado no es nunca suyo en verdad. Si puede ver que, sin control sobre sí mismo, la claridad y el poder son peores que los errores, llegará a un punto en el que sabrá cómo y cuándo usar su poder. Y así habrá vencido a su tercer enemigo.

El cuarto enemigo es ¡la vejez! Este enemigo es el más cruel de todos, el único al que no puede vencer por completo, pero solamente puede hacer retirarse. Este es el tiempo en que un hombre siente un deseo constante de descansar. Si se rinde por entero a su deseo de acostarse y olvidar, si se arrulla en la fatiga, habrá perdido la última batalla, y su enemigo lo reducirá a una débil criatura vieja. Su deseo de retirarse vencerá toda su claridad, su poder y su conocimiento. Pero si el hombre se sacude el cansancio y vive su destino hasta el final, puede entonces ser llamado hombre de conocimiento, aunque sea tan sólo por eso momentito en que logra ahuyentar a su enemigo invencible. Eso momento de claridad, poder y conocimiento es suficiente.

Muso Shinden Ryu“El verdadero sentido de la palabra austeridad sólo se conoce cuando se enlaza con la modestia. Lo modesto es rehusar lo innecesario,
desde el momento en que lo innecesario nada significa.

Se es naturalmente modesto, pero no por renuncia, sino por predisposición, por ideales o por instinto. De tal forma se es igualmente austero; se rehúsa el lujo porque el lujo nada significa, pero no se renuncia al lujo.

Sería absurdo que, en nombre de la austeridad, renunciara un mendigo al dinero, o un eunuco a la aventura galante; o un minusválido a la espontaneidad de la danza.

En su verdadero sentido se llama, entonces, austeridad a la modestia o predisposición a rehusar lo innecesario.”

El Iaido es una vía que nos impulsa a rehusar lo superfluo, a llevar los movimientos de mente y cuerpo a su mínima expresión. Es una forma concreta de trabajar nuestra tendencia innata a complicarlo todo más de lo necesario.

Muso Shinden Ryu

Fuera de escala

13Mar08

Robert SmithLunes, Palau Sant Jordi… The Cure, mostraron todo su bagaje musical, pasando desde la belleza convulsiva de plainsong que abrio el show hasta la crudeza casi punk the killing an arab que lo cerraba luego de tres horas y cuarto de una demostración indiscutible de poder ante un palau repleto de gente que no daba crédito a lo que estaba pasando delante de ellos.
luego de ocho años de ausencia y a punto de sacar un nuevo disco The cure se mostró totalmente rejuvenecida y potente con una formación que prescinde totalmente de los teclados para hacer incapie en un sonido mas crudo, apoyado sobre la reciente reincorporación de el mejor guitarrista de todas las formaciones de la banda, porl thomson quien supo cubrir magistralmente el vació provocado por la falta de teclados, transformando el sonido de canciones como the walk en autenticas obras de arte del sonido propio de la banda.
Hay que destacar la impecable tarea del veterano Simon Gallup, quien sigue siendo una base realmente fundamental de la banda, como siempre lo fue.
El momento creativo actual de Robert Smith es una incógnita, pero, pase lo que pase con ese nuevo disco, el timonel de The Cure se sabe dueño de un repertorio y un sonido carismáticos. Majestuoso en Pictures of you y Lullaby; y en sintonía con esencias pop en un bloque central que sacudió la sala: Friday I’m in love, In-between days y Just like heaven, encadenadas y acentuadas por la nerviosa Primary.
El reloj marcaba más de dos horas de actuación cuando The Cure se adentró en el misterio de One hundred years y cerró el set con Disintegration. Concierto, para fans y conocedores capaces de paladear un bloque de bises dedicado a canciones del disco Seventeen seconds (1980), con At night, M, Play for today y A forest. Sin prisas y con una inaudita generosidad, cayó otro paquete de bonus, este más ligero, que viajó de Lovecats a Close to me.
Y aún hubo más; cinco joyas extraídas de la primera etapa del grupo: un Boys don’t cry que cayó como maná, las oscuridades casi punk de Jumping someone else’s train, Grinding halt y 10:15 Saturday night, y el final de su primer sencillo, Killing an arab, del que se cumplen 30 años.
Quizá el nuevo disco matice las propiedades de la banda entrado el siglo XXI, pero, mientras llega, disfrutemos del momento: el show de The Cure es un monumento y en lo personal me veo imposibilitado de catalogarlo o definirlo, ya que creo que lo que presenciamos el lunes en Barcelona esta totalmente fuera de escala.

Tengo el vicio de relacionar el camino con un trámite, una mera acción automática para llegar al punto deseado, y sobre esto, me gustaría profundizar.

Este tipo de conciencia tiene una repercusión muy fuerte sobre mi vida, y analizándolo detalladamente, logro detectar varias cosas, en principio lo que resalta es el funcionamiento automático y apresurado, en lo cotidiano. Creo que podría categorizar los momentos de mi día en tres grupos; momentos en los que me toca hacer lo que más me gusta, otros en los que tengo que hacer algo que no deseo, pero que no me afecta, y los críticos son en los que toca alguna tarea que detesto. Veo una gran diferencia de atención y conciencia en estos tres tipos, es decir, cuando hago aikido o iaido, por ejemplo, mi atención y concentración son casi totales, como si el mundo exterior por un momento dejara de existir, es como entrar en un espacio-tiempo con reglas diferentes, también me pasa esto haciendo zazen, tiene el mismo efecto, y en la cotidianeidad de mis semanas, estos son los puntos de oasis personal, el primer anillo.

Luego está el segundo anillo, y ahí también el efecto es muy similar, por no decir el mismo, los ratos que paso jugando con mis hijos o compartiendo una conversación con mi compañera, vale decir, con la gente que más amo en este mundo, tienen este mismo sabor, parece que una alquimia interna logra que en esos momentos, el tiempo realmente funcionara de otra forma, y tal vez… así sea.

El tercer anillo se compone de los momentos automáticos, repetitivos y triviales, sobre los que no pongo mucha atención, de hecho, tiendo a apurarme, para llegar rápidamente a los otros momentos, los que más disfruto.

Esta falta de compromiso o de conciencia mientras voy de un punto a otro, me hace perder un tiempo valioso. ¿Qué pasaría si pusiera la misma atención que pongo en iaido, mientras voy caminando al metro?, ¿qué pasaría si lograra mantener esta mente durante los procesos automatizados del día? Es evidente que practicar aikido, iaido, meditar así como otro tipo de practicas similares, ayudan, por un lado a plantearse este tipo de cuestiones, pero por otro, dan un efecto de inercia, ayudan a mantener este tipo de mente fuera del dojo.

Lo que más me interesa del aikido, es la posibilidad de trasladar esto mismo, a la vida cotidiana, no pasa por aprender a defenderme físicamente, para esto ya he estudiado otras técnicas marciales aplicadas a una confrontación física, para mi pasa por otro punto muy distinto, pasa por modificar el sistema de interpretación del mundo, por utilizar métodos muy concretos para ajustar el comportamiento en lo cotidiano, y llevarlo a otro nivel, lograr disfrutar de la vida, de cada segundo de la vida, en otras palabras, de hacerme consciente de que estoy en el camino.

Hace unos días una persona que para mi es una guía, comento algo que me dejo pensando mucho, y que creo tiene relación con todo esto, “en el DO, se elije no matar, o no dañar, esto diferencia “do” de “jitsu”, pero! (siempre los hay) es de vital importancia que tori no pierda el control en ningun momento, de otra forma, no tendrá la posibilidad de elegir”, igual que en la vida… para poder decidir sobre algo, primero hay que tener el control, estar en el centro, no vacilar, no pensar, es el tipo de estructura que trabajamos en aikido.

Claro que no tenemos que confundir, el no pensar con estar atontado, todo lo contrario, esta más relacionado con estar vacío de pensamiento, pero en alerta, consciente, despierto más que nunca, sin ningún pensamiento que distraiga esta atención, llegados a este punto, no hay falla, y creo en lo personal, que mi búsqueda esta relacionada con esto, con poder ampliar estos microsegundos, a periodos de tiempo más largos, incluso, y más aun, en los momentos en los que estoy haciendo algo automático, o aburrido, no solo cuando estoy disfrutando en el tatami, ahí caminando al metro, pelando una naranja o vistiéndome, porque para mi esto es el camino, no el gran camino hacia la iluminación viéndolo como algo inalcanzable, sino, cada momento del día, cada momento es un paso en el camino, y cuanto más despierto me encuentre, aumenta la posibilidad de que al final del viaje (o por lo menos del viaje con este cuerpo) sea ese gran camino.

caminos

06Aug07

Según va pasando el tiempo, y la atención va dirigiéndose hacia objetivos mas profundos, las sutiles diferencias entre lo que queríamos ser, lo que somos y lo que pretendemos ser, se van acentuando, poniendo de manifiesto. Es posible hacer internamente la vista gorda, mientras que la atención esta puesta afuera, cuando los objetivos son externos, es -al menos para mi- mucho mas fácil no ver estos mecanismos arraigados.

La inercia de fijar la atención en lo exterior -éxito social, éxito económico, acumulación de bienes- permite que, a base de echarle siempre la culpa de todo, a un factor externo, nos acomodemos en la posición de víctima, y de esta forma, accedamos a perdonarnos una serie de barrabasadas, que nos afianzan aun mas en esta consciencia.

Al modificar el rumbo, hacia lo interno, el camino plantea otro tipo de experiencia, lo que antes era una pataleta dirigida hacia afuera -y socialmente permitida y alentada- se transforma en un aguijón interno, difícil de aceptar.

El encontrarse defraudándose a uno mismo en los objetivos planteados, es particularmente frustrante, es mucho mas fácil aceptar que otro te miente, te roba o te agrede, que ver y aceptar que somos nosotros mismos los que estamos teniendo este tipo de conductas en contra nuestro.

Hace poco leía en un libro, un concepto que tiene que ver con esto, y es la diferencia entre venerar y transformar, que dicho de otra forma es la diferencia entre filosofía y acción, la cultura occidental esta fuertemente enfocada hacia la filosofía, y muchas veces filosofía barata, estamos acostumbrados a sentarnos a compartir una comida o una cerveza con amigos, y en este ritual, poner a parir a mas de uno que no se encuentra presente, o de despotricar por una u otra injusticia social, convencidos de que esta actitud es positiva y altruista, o incluso sin tener ningún tipo de consciencia ni positiva ni negativa, solamente respondiendo a una automatización aparentemente imposible de revertir.

Mantenerse solo en la teoría, nos transforma en seres particularmente mañosos y retorcidos, el ego aumenta, alimentado, por el hecho de estar permanentemente juzgando a los demás desde nuestro acotado punto de vista, que en esos momentos adquiere la ridícula dimensión de juez y en algunos casos de semidiós.

Lo curioso del caso, es que mientras proyectamos hacia afuera, tenemos la sensación de que estos debates, ayudan de alguna forma, y la verdad es que mas que ayudar, nos estamos agregando peso a la mochila que tenemos en la espalda, hay que decir, que es admirable la capacidad que tiene nuestra columna para soportar toda una vida de sobrepeso.

Esta claro que cada uno hace lo que puede, en el momento que puede y de la forma que mejor le sale, según su situación personal, pero creo que es necesario recalcar aquí, que siempre es posible ir poco a poco apuntando y caminando hacia un objetivo mas alto.

“La vigilancia y la lucidez son los senderos de la inmortalidad. Los que vigilan no mueren. La negligencia es el sendero de la muerte. Los negligentes son como si ya estuvieran muertos.”

Siddh?rtha Gautama

líneas

05Jun07

Hace un tiempo que estoy pensando en la representación de 2 líneas, que inicialmente tienen un ángulo de separación casi imperceptible, alentado por mi maestro de Aikido, quien me empuja a interesarme (entre otras cosas) por la geometría, me detengo en el siguiente concepto, que voy a intentar desarrollar.

Creo que lo mejor para ilustrar esto sea un dibujito.

lineas

Estas dos líneas aparentemente paralelas (para el ojo de la mayoría de los humanos) en realidad no lo son, la línea de abajo tiene una inclinación de 0,015 grados.

Y este es el punto sobre el que me interesa profundizar, cabe la posibilidad que algún ojo particularmente afinado, detecte la leve inclinación que tiene la linea inferior, pero en la gran mayoría de los casos, esta delicadísima inclinación pasa totalmente desapercibida.

Entonces, podría, intentar hacer una analogía, cruzar este ejemplo geométrico con una situación de la vida cotidiana. Tomamos una decisión, y en este corto período de tiempo, no hay (para la mayoría de los humanos) una consciencia de como esta decisión va, a largo plazo, a modificar, incluso radicalmente, varios aspectos de nuestra vida.

En el caso del ejemplo de las líneas, el primer gráfico, podría relacionarse con el momento de la toma de decisiones, un periodo relativamente corto, que nos permite ver solamente un fragmento inicial de la línea, ¿pero qué pasa si analizamos esa misma acción/línea a largo plazo?

Pasaría algo como esto.

lineas II

Ahora si, ya se puede apreciar una diferencia, la mayoría de los humanos podemos distinguir claramente que estas 2 líneas no son paralelas.

¿y que tiene esto que ver con las decisiones? yo creo que mucho, tenemos la tendencia a no tomarnos las cosas muy enserio, a minimizar la importancia de las acciones que ejecutamos día a día, y esto está, en gran parte, influenciado por los inputs terribles que sufrimos desde que somos niños. Vemos un personaje animado cayendo por un acantilado, o explotando entre dinamitas marca ACME, y segundos después, no pasó nada, ya está como nuevo, con los pelos de color marrón y peinado, persiguiendo al pajarraco como si no hubiera pasado nada.
Esto mismo, con el tiempo, se va refinando, vemos “héroes” en las películas que se pelean contra todos los que rayen, esquivan balas, atrapan flechas con los dientes, y todo sin que se les corra la capa de 5mm de maquillaje que tienen, porque claro, ni siquiera sudan.

En nuestra actitud irresponsable, no nos detenemos a pensar o a analizar, cuanto de este adoctrinamiento de lo irreal, modifica radicalmente la manera en la que interactuamos con el entorno, y eso que no pienso entrar (al menos hoy) en el punto del trastornadisimo concepto del “héroe”, solo me interesa seguir delirando sobre acciones y decisiones, y como estas acaban modificando (aunque no lo creamos) nuestra vida.

Tal vez si adiestráramos nuestro ojo, nos seria posible tomar consciencia de los efectos a largo plazo, que tienen cada una de las decisiones, aparentemente triviales, que tomamos día a día. Este siglo en el que estamos viviendo, trae de regalo el concepto de la inmediatez, todo tiene que ser YA, todo tiene que ser rápido, ahora, instantáneo, veloz, y si recordamos el primer gráfico, y lo comparamos con este concepto, podremos entender algunas cosas, ok, todo es muy rápido, pero el precio que se paga por vivir en una superficialidad constante, sin profundizar, es altísimo.

“mi maestro me decía, cuando el universo me ofrece la oportunidad de escoger un camino, yo siempre elijo el mismo, por un lado, con esto no genero demasiado desorden en el universo, ya que el sabe que siempre estoy caminando hacia el mismo lugar, y por otro lado me permite profundizar cada vez mas, sobre aquello que en su momento elegí ” dicho de otra forma, si tienes un lugar con miles de hilos que salen de una pared, con miles de colores diferentes, y te asalta la intención de mirarlos a todos, finalmente no tendrás mas que una visión muy acotada y parcial de cada uno de estos colores, y posiblemente no recuerdes bien a ninguno de ellos pasado un tiempo, sin embargo, si escoges un color, y comienzas a tirar de el, veras (por ej.) blanco, blanco, blanco… durante mucho tiempo, y terminaras integrándote profundamente con el blanco y esta profundización real, este compromiso con el blanco acabara sorprendiéndote, ya que un día este mismo hilo que durante tanto tiempo fue blanco, comenzara a traer a toda la gama cromática, y podrás tener una visión profunda y con gran consciencia de cada uno de estos colores.

Decisiones, responsabilidad, visión, son muchos conceptos, que aparentemente, caen en el terreno de lo subjetivo, pero no hay realmente mucha subjetividad en todo esto. Cada una de nuestras decisiones, hasta las más insignificantes, tienen una acción modificadora directa en nuestro timeline personal, y va a pasar mucho tiempo, hasta que podamos en una retrospectiva, analizar cuales fueron estas modificaciones, y cuanto más tiempo pasa, más difícil es revertir las decisiones incorrectas.

Cuando corrijamos este rumbo hacia un timeline más consciente, relacionado íntimamente con lo interno, con lo espiritual, poco a poco todo irá tomando sentido, ya que el sentido de esta vida es, ciertamente, el intercambio y las  relaciones entre los seres humanos, y cuando nos relacionamos con otros, con consciencia de lo espiritual son muy distintos los lazos que se establecen.

Cada decisión cuenta, por tonta o intrascendente que parezca, y el trabajo de tomar cada una de ellas con una profunda responsabilidad, ya es de por si, un trabajo que desata consciencia, que nos obliga a replantearnos constantemente la forma en la que interactuamos con el mundo y los seres que lo habitan.

Tras pasar la mayor parte de mi vida dando tumbos, creo es el momento de cambiar/modificar el rumbo.

El punto critico que me toca revisar es “el desgano”. Con el correr de los años este resulta ser uno de los mecanismos mas arraigados, pasan los años, pasan las tareas y siempre sucede lo mismo, llega el punto en el que me aburro, me hastío, y dependiendo de la tarea, este punto esta mas o menos cerca de la línea de partida.

Comentando este tema con varios amigos, puedo vislumbrar algo que tal vez no tenia demasiado claro, puede que este sea un mal de los tiempos. Casi todos mis amigos en un aspecto u otro repiten este mecanismo que estoy describiendo, a todos les pasa que son “asaltados” por un sentimiento (o sensación) de angustia, ninguno tiene muy claro en realidad de donde es que sale este sentimiento, pero ahí esta, agazapado, espiando, para en el momento menos oportuno saltar encima de la víctima sin ningún tipo de piedad.

Por suerte en mi caso, están los valores y los proyectos personales, afortunadamente estos carecen de fecha de caducidad. nunca dejo de tener ganas de ver como crecen mis hijos.

Tengo ganas de comenzar una nueva etapa, de seguir un camino con corazón, este es el punto critico de toda esta movida, cuando hace unos cuantos años comencé a leer los textos de castaneda, entendí por primera vez cual era la diferencia entre un camino (a secas) y un camino con corazón, a medida que fueron pasando los años, esta visión tan clara se fue diluyendo, absorbidos por el día a día, que impide que le prestemos atención a las cosas que realmente son importantes, lo urgente pasa a tener mas importancia que lo importante, y así de a poco, nos centramos en ver solamente lo urgente, y lo urgente, en general, no nos hace felices, no nos hace bien, solo es “lo urgente”, ahi esta el quid de la cuestión, es necesario modificar este comportamiento sistemático, para “re-enfocarnos” para volver a prestarle atención a lo importante, según don Juan, seguir un camino con corazón, podar de nuestra vida los derroches innecesario de energía, ojo que al decir energía, no me refiero a algo cósmico e intangible, me refiero concretamente a la atención/tiempo que uno le dedica a las cosas.

Para los japoneses fue el bushido, para los yaquis el camino del guerrero, para los budistas la vía para llegar al nirvana, no importa mucho el nombre, la misma dinámica se representa en todas las culturas, y esta reflejada en multitud de textos, hay cantidad de guías practicas para acceder a esta vía, y posiblemente caminar por este sendero sea lo unico que le acabe dando un sentido a la estancia en este mundo loooco loco loco loco (esto va con voz de capusotto)

Nosotros, occidentales y formateados al mango, no podemos imaginar el sentido que tenia el seppuku para un samurai, y enseguida nos empeñamos en ponerle una etiqueta, brutal, suicida, demente, pecado mortal. el punto que no tenemos en cuenta es como cambiaron los valores sociales, como la entrega y la responsabilidad. (y ojo que en este caso responsabilidad no tiene nada que ver con levantarse temprano, llegar a hora al laburo y que no se te olvide nada) desaparecieron de nuestras vidas y me refiero a la verdadera responsabilidad de tomarse la vida enserio, de vivir con un objetivo claro y concreto, de no
temer, el samurai tenia bien claro que la muerte no era mas que el comienzo, acostumbrado a vivir con la muerte a su costado, y sin temor de que esta lo alcanzara, cada segundo de vida era vital. la consciencia puesta en el presente, constantemente, es lo que a mi modesto entender, cambia radicalmente la visión y percepción del mundo.

Vivimos en un mundo en el que es mas fácil quedarse sentado o acostado, lamentándose del triste destino que nos toco, sin caer en la cuenta de que el destino es un camino que vamos construyendo dia a dia, con nuestra propia voluntad, tal vez si en lugar de estar tan enfocados en pasado y futuro hiciéramos lo propio con el tiempo presente (que al fin y al cabo es el único que cuenta) no caeríamos en esta trampa tan dañina, hace un tiempo mi maestro de Aikido ilustraba esto mismo con el siguiente ejemplo, cuando un zorro va a atacar a un conejo, el conejo, no se pone a pensar “uhh que hijo de puta este zorro, mira como me viene a joder la vida, porque será que me esta pasando esto, yo que fui tan buen conejo, yo que no jodo a nadie, porque me estará pasando esto a mi, como podré librarme de ser engullido por este zorro, que pasara cuando este a salvo”. el conejo entra automáticamente en acción, pone en marcha su mecanismo físico dedicando un 100% de su esfuerzo, y si hay alguna posibilidad de escapar de las fauces del zorro, esta es la única vía. la acción.

Los animales, estos seres que nosotros creemos inferiores, tienen las respuestas a los problemas filosóficos y sociales mas difíciles de desentrañar para nosotros en realidad, todo es mucho mas fácil, pero enredamos y no lo vemos. el zorro no es malo, por querer comerse al conejo, y el conejo no es cobarde por escaparse, estos juicios de valores son el lastre mas pesado que tenemos en nuestra vida cotidiana, estos lastres son los que nos hacen estar llenos de mordiscones de zorro.

Escribo esto, como un recordatorio personal, porque mantener este compromiso además de ser una tarea difícil y de todos los días pone a mi ego en posición de defensa, y como el es quien maneja casi todo el tiempo, en cuanto puede, me hace mirar para otro lado, y me encuentro nuevamente en el sofá lamentándome por lo injusto que es el universo conmigo, el sabe, que si logro mantener esto por mucho tiempo, finalmente va a terminar relegado.

Soy consciente de que este es un camino de toda una vida, y el secreto del éxito es nunca rendirse, afrontarlo con un compromiso total, día a día. un camino de toda la vida, comienza con un primer paso.

Sólo como guerrero puede uno soportar el camino del conocimiento. Un guerrero no puede quejarse ni lamentar nada. Su vida es un desafío interminable, y no hay modo de que los desafíos sean buenos o malos. Los desafíos son simplemente desafíos. La diferencia básica entre un hombre común y un guerrero es que un guerrero toma todo como un desafío, mientras un hombre ordinario toma todo como bendición o maldición.

Carlos Castaneda, Relatos de poder.

Primero hay que saber sufrir,
después amar, después partir
y al fin andar sin pensamiento…

Luego de leer muchos textos, libros e información sobre la búsqueda del crecimiento personal, no dejo de alucinar con la simpleza y agudeza del maestro Homero Expósito, como logra plasmar el “Zen” en una frase al pasar.

Sencillamente magistral.

Saltá! Saltá! Saltá! Saltá!!!

divididos. disco “Oro”