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Instinto

txarli | Budo,Personal | Tuesday August 17 2010

 

No recuerdo ya, la cantidad de veces que intenté poner en un plano de coherencia, la incoherencia (aparente) de buscar la paz en el arte de la guerra.

El concepto de alguien buscando la tranquilidad interior, empuñando un sable, a primera vista, me resultó, como mínimo ridículo. Fue relativamente simple sortear este primer prejuicio, a vistas de mi instantánea fascinación por el Iaido. Todos los prejuicios, quedaron rápidamente sometidos por algunas frases hechas por otros, que a priori se me antojaban muy místicas, pero que a fines de dejar mi conciencia un poco mas tranquila asumí como correctas.

“Con cada corte cortamos nuestro ego”
“Buscamos eliminar todo movimiento superfluo, para poder extrapolar esto a nuestra vida cotidiana”
“Mediante la practica logramos aumentar la concentración y la capacidad de respuesta a cualquier situación” etc..

Como decía anteriormente, en su momento, tomé cada una de estas premisas, y logré tranquilizarme, para poder abocarme al estudio de un arte que, a todas luces, nos enseña la forma más efectiva (y elegante, por que no decirlo) de sentenciar a un oponente, en un solo movimiento.

También existe el concepto de “saya no uchi” la gran victoria del Bushi. La victoria sin desenvainar, es algo muy poético, a la par de interesante, que decidí incorporar a la lista de argumentos.

Luego de un tiempo, como siempre, dejamos de prestarnos atención y nos relajamos por omisión, y dentro de esta complacencia transcurrieron un par de años, sin que me volviera a plantear el asunto.

Hasta que un día, entrenando, buscando la fluidez del movimiento, de alguna forma extraña pero muy concreta, sentí algo que no había sentido anteriormente. Mientras entrenaba la segunda serie de la escuela, Hasegawa Eishin-ryu, sentí que estos movimientos ya no tenían el tono didáctico de Omori-ryu, sino un punto de aplicación un poco más real.

No fue una sensación particularmente agradable, y puede que el comentario que hiciera Stephanne unas semanas antes, en el curso de Les Illes, hubiera estado ahí, agazapado, latente, esperando el momento ideal para saltar directamente sobre mi conciencia, y fue justo en ese momento en el que inevitablemente una cosa se relacionó con la otra. “El Iaido es un arte de asesinos!!” Sentenció… y razón no le faltaba.

Recurrí rápidamente al bagaje de experiencias positivas, y a la batería de frases tranquilizantes para zanjar el asunto, y logré encontrarme nuevamente con la paz, por un tiempo. Hasta el domingo pasado.

Okuden me trajo directamente y sin escalas la conocida sensación de ambigüedad y ese sabor agrio.

Y en ese punto, retomé un pensamiento que había tenido en su momento, algo que en realidad surgió en una conversación con Mariana, y que puede que sea (para mi) una de las claves de todo este asunto.

Como bestias civilizadas que somos, en nuestra programación básica, tenemos un porcentaje importante de asesino, y analizando la historia, vemos que esto es una verdad a gritos. Desde los inicios, como cazadores en un entorno salvaje y hostil, donde ese instinto es fundamental para la supervivencia, y posteriormente en el desarrollo de nuestra sociedad, el elemento de violencia es una constante omnipresente. En cada uno de los puntos en la linea de tiempo de la humanidad, la violencia es un común denominador, y posiblemente su negación, sea un factor determinante en una gran cantidad de paranoias, de rayes mentales y emocionales, es un rechazo, a una parte nuestra, a algo que aunque no nos guste sacar a pasear, esta allí, en cada uno de nosotros y nos define.

Somos, aunque no nos guste reconocerlo, potencialmente peligrosos, potencialmente “asesinos”, y cada uno encuentra la forma trabajar con esto (o no…), negando, ocultando, asumiendo, disfrutando, dejándolo completamente libre…
Supongo que habrá cantidad de configuraciones, y con ellas, cantidad de resultados, algunos más peligrosos que otros, pero al fin y al cabo, muchos de nosotros, nos pasamos una gran parte de nuestra vida, intentando controlar a esta bestia primaria, nuestro lado oscuro.

Tal vez entonces, pueda agregar esta, a la lista de razones por las cuales es positivo estudiar Iaido, una que no sale de un compendio de frases hechas, sino que sale de la propia experiencia. Puede que aceptarlo sea una forma de integrarlo, de no rechazarlo, y por lo tanto, conseguir esa aceptación personal, de todas las partes que somos, de todo lo que tenemos guardado, y así, llegar a experimentar (aunque sea un poco) esa paz.

Y ahí, me encuentro nuevamente, sentado, en tatehiza, aceptando, observando, de alguna manera jugando con el asesino, en un entorno controlado, en un entorno en el que mi Ying y Yang coexisten en armonía.

No creo que sea la única razón por la que estudio y practico Iaido, pero hoy tengo la sensación de que, definitivamente es una parte muy importante, y que le da mucho sentido a algo que aparentemente no lo tiene.

txarli